Reflexión y debate
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Puntos de referencia: según lo expuesto en esta página, un banco moderno no necesita transferir primero el dinero de algún depositante tal cual para poder anotar en libros un depósito o poder adquisitivo a favor del prestatario; la premisa es confiar en que los ingresos futuros del prestatario podrán pagar el capital y los intereses. Por lo tanto, lo que sostiene el crédito no es solo el oro y la plata del presente, sino sobre todo la confianza en el futuro. Al mismo tiempo, conviene señalar los límites: en la realidad, los bancos están sujetos a encajes, coeficientes de capital y normas regulatorias; este ejemplo es un modelo didáctico para entender cómo la confianza sostiene el crédito, no una descripción completa del funcionamiento real de los balances bancarios.
Puntos de referencia: responde al postulado de que reinvertir las ganancias en la producción genera crecimiento económico; el autor lleva más lejos esta idea al resumirla como que el crecimiento es casi un bien supremo. En cuanto a la distinción, la riqueza se refiere al dinero, los bienes y los recursos enterrados bajo tierra o desperdiciados en actividades no productivas, mientras que el capital se refiere al dinero, los bienes y los recursos destinados a la producción para generar más ganancias: la misma suma de dinero, si se esconde y no se invierte en la producción, pertenece a la riqueza; si se usa para invertir en una fábrica o comprar acciones, se transforma en capital. También puede añadirse que este tipo de afirmaciones es un resumen de una concepción económica, no algo que todas las sociedades acepten; los críticos destacarán sus costos distributivos y ecológicos.
Criterios de evaluación (pregunta abierta, se admiten diversas posturas; lo decisivo son las razones y las pruebas, no la conclusión en sí): ① si se explica con claridad la capacidad explicativa de la generalización en un solo tema, por ejemplo, que capta el crecimiento sostenido como rasgo destacado de la economía moderna y lo encadena con el crédito, la confianza y la reinversión de ganancias; ② si se señalan los costos de la generalización, por ejemplo, personificar la economía como un sujeto con una sola voluntad, ignorar las diferencias institucionales y de políticas, o pasar por alto la desigualdad distributiva y las diferencias culturales; ③ si se mencionan fenómenos que podrían debilitar la generalización, como las múltiples crisis financieras y el estancamiento económico, los costos de la depredación colonial y la destrucción ecológica, la falta prolongada de crecimiento sostenido en sociedades premodernas y no capitalistas, o las enormes diferencias de ritmo de crecimiento entre distintas regiones en una misma época; ④ si se distingue con claridad el juicio del autor de los hechos verificables y se dan razones propias para la valoración. Es necesario aportar al menos un fenómeno concreto y explicar por qué supone un desafío para la generalización.
Si trazamos una línea de tendencia a largo plazo de la economía humana, veremos una asimetría singular: durante la larga etapa premoderna, la producción global y la producción per cápita fluctuaron mucho tiempo a niveles bajos, alternando expansiones y contracciones, pero sin una fuerza que las impulsara de manera sostenida hacia arriba; al entrar en la modernidad, la economía comenzó a crecer de forma continua y acelerada, a un ritmo y una escala muy superiores a los de cualquier época anterior.
El autor reduce la llave que abre esta puerta a una sola palabra:crecimiento. En su relato, el hilo central de la historia económica moderna no es tal guerra o tal dinastía, sino el hecho de que el crecimiento mismo se convirtió en la norma: sea cual sea el juicio final sobre si ese crecimiento es sano o patológico, se expande sin cesar como un adolescente con exceso de hormonas, devorando todo lo que toca, a una velocidad que nadie alcanza a seguir.
Para entender esta ruptura, hay que ver primero cómo imaginaban la riqueza los premodernos. Entonces predominaba una visión de la riqueza cercana aljuego de suma cero: la riqueza total se concebía como un acervo más o menos fijo, en el que lo que uno gana es lo que otro pierde. Como no se esperaba que el futuro fuera mayor, los préstamos y las inversiones a largo plazo carecían de una base sólida. Por el contrario, la idea de progreso difundida en la sociedad moderna confía en que el mañana puede ser mejor que el hoy; los ingresos futuros pueden, por tanto, anticiparse, y solo así el crédito y la inversión pueden expandirse de forma sostenida.
| Dimensión de comparación | Economía premoderna | Economía moderna |
|---|---|---|
| Visión de la riqueza | Cercana al juego de suma cero; el total se considera fijo | Se cree que el total puede crecer sin cesar |
| Expectativas sobre el futuro | La idea de progreso no predomina | Se esperan mayores ingresos futuros |
| Crédito e inversión | Difícil de expandir de forma sostenida | Pueden basarse en los ingresos futuros |
| crecimiento | Fluctuación prolongada a niveles bajos | Crecimiento sostenido y acelerado, convertido en norma |
Conviene advertir que esta tabla comparativa es una síntesis de un relato macro, no una conclusión estadística precisa; la realidad varía mucho entre distintas regiones y épocas.
El crecimiento no ocurre por sí solo. Requiere que alguien esté dispuesto a destinar recursos presentes a un futuro que aún no existe, y esto depende sobre todo de dos cosas: el crédito y la confianza.
Imagina a un panadero. Quiere ampliar su horno, pero no tiene suficiente dinero en efectivo, así que acude al banco. Según el relato macro habitual, el banco no necesita esperar a que un depositante le traiga monedas de oro para entregárselas, sino que puede anotar en libros un préstamo a favor del panadero: este obtiene de inmediato poder adquisitivo para comprar hornos y harina, y el banco recuperará el capital y los intereses en cuotas futuras. Este proceso de crear poder adquisitivo en libros es el ejemplo introductorio para entender cómo las finanzas modernas alimentan el crecimiento.
¿Por qué se atreve el banco a hacerlo? Porque confía en que el pan que venda la panadería en los próximos años bastará para pagar el préstamo. Dicho de otro modo, lo que respalda el crédito no es solo el oro y la plata presentes, sino también laconfianza en el futuro. Aquí conviene ser prudente: en la realidad, los bancos están sujetos a encajes, coeficientes de capital y normas regulatorias, y el mecanismo concreto es mucho más complejo que este ejemplo simplificado; es más adecuado tomarlo como un modelo didáctico para entender cómo la confianza sostiene el crédito.
La misma lógica atraviesa el credo capitalista. Según el relato en que se basa esta página, esta teoría fue al principio solo un discurso sobre cómo funciona la economía y luego fue desbordando el ámbito económico hasta convertirse en todo un conjunto de ideas sobre la conducta, la educación y la forma de pensar; su postulado central puede resumirse así: reinvertir lasganancias en la produccióngenera un crecimiento económico rápido; incluso llega a sostener que, puesto que la justicia, la libertad e incluso la felicidad dependen del crecimiento económico, el crecimiento mismo es casi un bien supremo. A esto se añade una distinción clave:la riquezaes un activo estático, mientras queel capitales la parte de la riqueza destinada a la producción con la esperanza de obtener ganancias: la tierra, el dinero y los bienes no equivalen por sí mismos al capital; solo cuando se emplean para crear ingresos futuros se transforman en capital.
Vale la pena señalar que «el crecimiento es el bien supremo» es el resumen de una concepción particular, no un juicio de hecho universalmente aceptado. Explica por qué el debate político moderno no puede evitar el tema del crecimiento y también por qué atrae críticas relacionadas con la distribución, la ecología y los costos sociales.
Si el crecimiento depende de la confianza en el futuro, alguien tiene que hacerla efectiva al final. El autor señala que, en condiciones capitalistas, una de las primeras preguntas que suelen hacerse los gobiernos y las empresas al financiar la investigación científica es: ¿puede esta investigación aumentar la producción y las ganancias? ¿Puede impulsar el crecimiento económico? Si la respuesta es negativa, las posibilidades de obtener financiamiento son mínimas. Por eso la historia de la ciencia moderna difícilmente puede eludir el hilo del capitalismo.
La lógica del crecimiento también impulsó la expansión exterior y las formas de organización. Empresas de alto riesgo y alta inversión como las expediciones oceánicas y el comercio transmarino requerían enormes sumas de capital, así que la realeza, los comerciantes y las sociedades anónimas se convirtieron en patrocinadores: las sociedades anónimas reunían fondos dispersos y repartían el riesgo entre numerosos accionistas, lo que permitió sostener la navegación oceánica y el comercio colonial. Las travesías al estilo de Colón también dependían de encontrar primero a un patrocinador antes de poder siquiera zarpar.
Esto plantea una pregunta contraintuitiva: los lobos no esperan que las ovejas se multipliquen sin fin, y la mayoría de los sistemas del universo no pueden crecer indefinidamente; ¿por qué, entonces, la economía humana ha podido expandirse a lo largo de toda la era moderna? La respuesta del autor es que los científicos logran nuevos descubrimientos e invenciones cada pocos años, aportando nuevos recursos e industrias que reavivan el combustible del crecimiento; llega a decir que quienes imprimen billetes son los bancos y los gobiernos, pero quien acaba pagando la cuenta es el científico. Es un juicio del autor con gran capacidad explicativa, pero comprime factores institucionales, políticos y ecológicos complejos en un solo hilo conductor, por lo que merece discutirse junto a otras explicaciones.
